TRUMP, HARRIS Y EL TMEC
Por: Samantha Contreras Guerrero*/ TEN/ Opinión
El desarrollo económico de México está estrechamente vinculado a su integración comercial con Norteamérica, lo que hace de las elecciones presidenciales en Estados Unidos este 2024, un momento crucial para la relación bilateral y el bienestar económico de millones de mexicanos, particularmente en relación con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Desde su entrada en vigor en 2020, el T-MEC ha modernizado las relaciones comerciales en la región, reemplazando al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que estuvo vigente desde 1994. Este acuerdo es vital para México, ya que, según el INEGI, el 84% de sus exportaciones no petroleras tienen como destino Estados Unidos. Además, el 44% de la Inversión Extranjera Directa (IED) de acuerdo a los datos de la Secretaría de Economía, proviene del vecino del norte; lo que refleja la magnitud de la interdependencia económica.
México ha logrado aprovechar esta integración para desarrollar su industria manufacturera, fortalecer el empleo y sostener una fuente crucial de ingresos a través de las remesas. Estas remesas, que provienen en un 96% de Estados Unidos según Banxico, representan un salvavidas económico para muchos hogares de bajos ingresos en México.
Así, las políticas comerciales y migratorias que adopte la próxima administración estadounidense afectarán directamente la economía mexicana, su estabilidad y el bienestar de su población.
Ante la posibilidad del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, México enfrentaría serios retos en sus relaciones comerciales con Estados Unidos, especialmente por las amenazas de imponer aranceles a bienes manufacturados, como automóviles eléctricos fabricados en México.
Las recientes declaraciones de Trump sobre imponer aranceles de hasta 200% a estos vehículos, así como su intención de presionar a las empresas automotrices a relocalizarse en territorio estadounidense, han generado preocupación en el sector, que depende fuertemente del T-MEC. Incluso se ha señalado que, aunque el T-MEC ofrece cierta protección a México frente a acciones unilaterales de Estados Unidos, Trump podría optar por ignorar las posibles represalias económicas que México quisiera aplicar.
La revisión del T-MEC en 2026 sería un momento crítico, donde el proteccionismo de Trump podría generar escenarios complicados para la economía mexicana. Sin embargo, algunos analistas no descartan la posibilidad de que México pueda obtener beneficios si logra excepciones arancelarias, ganando así aún más participación en el mercado estadounidense.
Por otro lado, con la posible llegada de Kamala Harris a la presidencia de Estados Unidos, el tratado enfrentaría un panorama distinto al actual. Harris, quien votó en contra del T-MEC cuando fue senadora, ha manifestado su intención de revisar el acuerdo para mejorar las condiciones laborales para todo aquel que se esté beneficiando del propio tratado, ya sea ciudadano americano o mexicano; sin embargo, su enfoque principal sería proteger los empleos dentro de Estados Unidos.
Aunque no apoya las medidas arancelarias extremas de su rival Donald Trump, este enfoque sobre el mercado laboral podría generar tensiones, especialmente en lo que respecta a las industrias manufactureras y la distribución de empleo en Norteamérica.
Además, Harris ha criticado las insuficientes medidas ambientales del T-MEC, por lo que, de llegar a la presidencia, podría promover un enfoque más progresista en cuestiones laborales y ambientales.
Esto podría traducirse en presiones sobre México para adoptar estándares laborales y ambientales más estrictos, lo que beneficiaria no solo a millones de mexicanos, sino también a zonas dañadas por años de malas o nulas prácticas ecológicas en México. Por otra parte, afectaría al mismo tiempo la dinámica comercial entre ambos países.
Cualquiera que sea el desenlace, México debería de prepararse en materia de progreso social para cumplir con estándares que garanticen el bienestar laboral.
De igual manera, debe estar listo para enfrentar una posible postura de proteccionismo económico, sin dejar de lado que la relación comercial entre México y Estados Unidos seguirá siendo un pilar fundamental para el crecimiento y bienestar de ambos países.
*Colaboración.