LA NORMALIZACIÓN
Por: Darío Fritz/ TEN/ Opinión
Los éxitos se miden en estos días en toneladas, hectáreas, metros cuadrados, litros y hasta contenedores. Pero poco en nombres. El más rutilante de esos éxitos fue el reciente aseguramiento de un buque petrolero de Singapur que trasladó de contrabando 10 millones de litros de diésel, desde Texas a Altamira, Veracruz, y que se suma a otros ocho millones incautados en Ensenada, Baja California. El huachicol fiscal, como se conoce a la importación ilegal de combustibles que no son declarados en las aduanas ni pagan impuestos, estaba acompañado de más de dos centenares de contenedores, remolques cisterna, tracto camiones, y algo de armas. Al éxito de los litros le sigue el de las toneladas, 30 mil kilos de cocaína hallados en el mar en seis meses. Las hectáreas y metros cuadrados corresponden a 21 inmuebles, calificados de lujos, escondidos entre cerros de seis municipios mexiquenses. Mucho dinero de por medio en los tres casos.
En la ampulosidad de los números de estos éxitos de la estrategia de seguridad oficial contra el crimen organizados, se habla con generosa generalidad de agentes aduaneros, funcionarios municipales, autoridades elegidas por elección popular, prestanombres, y nada de nombres y apellidos. Ausencia absoluta de detenidos. De todas maneras, no deja de tener su impacto. La espectacularidad cambia la percepción, y es ampulosa si se compara con lo que fue la flotación sobre aguas sosegadas del anterior sexenio, incluso si se contabilizan desde febrero unos cuarenta detenidos diarios por vínculos con el narcotráfico en el caso de los estados fronterizos del norte, aunque pocos de ellos de alto valor en las estructuras criminales.
Con las cifras y operaciones puestas a contentar los reclamos trumpistas, hay resultados. Y más con los 29 extraditados, entre capos y no tan capos, que quitó papas calientes en varias cárceles y envío un mensaje evidente de que habrá más a los que siguen inquietos adentro tratando de controlar el negocio y a los que pueden caer en el futuro. Pero no alcanza. O, mejor dicho, nunca alcanza.
El lunes pasado quedó claro. Primero fue el Departamento del Tesoro que cortó el flujo de dineros, como en otras oportunidades, a siete empresas y seis personas por lavado de dinero del Cartel de Sinaloa. Luego le siguió el Departamento de Seguridad Nacional con la cancelación de las visas de trabajo y turista para los cuatro músicos que reivindicaron con imágenes en un espectáculo en Guadalajara a la figura de “el Mencho” Nemesio Oseguera Cervantes, señalado, entre tantos crímenes, por el campo de entrenamiento del CJNG y asesinato de jóvenes en Teuchitlán.
Las rutas liberalizadas del dinero del narcotráfico en los sectores bancario y financiero, y la cultura enraizada de una imagen amigable de los criminales, a través de la música, el reparto de asistencia o en algunas festividades, marcan la propagación del negocio de la violencia y su normalización.
Algunas cifras para entenderlo. En el sexenio pasado, se bloquearon 3.2 mil millones de pesos de 41 cuentas vinculadas a narcotraficantes (revista Proceso), pero ya en 2018 un estudio académico estableció que el negocio bruto era de 600 mil millones de pesos anuales. Lavar dinero en México no tiene sanciones, prácticamente, señaló otra investigación periodística (MCCI). Solo en dos por ciento de los casos se castiga.
Que los cuatro sancionados del grupo Los Alegres del Barranco, cantaran el corrido El del palenque, “Soy el dueño del palenque, cuatro letras van al frente, soy del mero Michoacán, donde es la Tierra Caliente, soy el señor de los gallos, el del cartel jalisciense”, mientras se proyectaba la imagen de “el Mencho”, forma ya parte de una normalidad, aunque escandalice. Su rechazo en Nayarit, Sinaloa, Baja California, Chihuahua y Quintana Roo, donde se sanciona la difusión pública del narcocorrido, apenas alcanza a una gota en el océano, tal cual los bloqueos a cuentas del lavado de dinero por la Unidad de Inteligencia Financiera. Poco abona también a entrarle de lleno que la presidenta de la República diga “no debería de ocurrir, imagínate, no está bien, que se haga una investigación, no es correcto”
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