CULTURA

Creer para ver

perroPor: Natalia Madrueño

Pedro, como cada mañana, abrió los ojos con asombro, primero uno y luego el otro, se hacía la luz de nuevo. Pedro abría muy bien los ojos porque quería observarlo todo. Pedro bostezó y acercó su aliento a la nariz con su mano derecha para cerciorarse de que sus poderes seguían ahí.

-Ese aroma no lo tiene cualquiera- le dijo su papá sonriendo mientras se cepillaban los dientes y Pedro asintió porque de eso estaba seguro.

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Era ese vaho verdoso que nadie más que Pedro podía ver, lo que le daba la capacidad para hacer hablar cualquier cosa. Con él les daba voz a sus juguetes, generaba las mejores charlas entre sus zapatos y calcetines y otorgaba ese tono rasposo de voz a su mascota.

La mesa estaba lista para el desayuno antes de salir, cuando Noche, su perro, le grito suplicante que por favor no se fuera, que aún no jugaban a la pelota. Entonces y por primera vez, toda la familia se quedó estupefacta, no se sabe si de miedo o de sorpresa.

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