PEREGRINOS DE LA EDUCACIÓN

Por: Jaime Navarro Saras*

Durante muchos años la movilidad y migración territorial de las personas se hizo una costumbre, motivado por muchas circunstancias, la mayoría relacionadas con la economía, las escasas oportunidades de empleo y los pocos centros de escolares más allá de la educación básica y media, igualmente por la necesidad y deseo de superación; recientemente los motivos han cambiado, hoy la gente se moviliza por fenómenos relacionados con la violencia, el control territorial de los cárteles y, en menor escala, los temas ideológicos, de clase y de raza, aunque no menos importantes.
El magisterio ha sido, desde siempre, un ente que cambia de un lugar a otro, antaño era lo más común, ya que desde la formación inicial en las escuelas Normales sabían que el primer empleo estaría lejos, muy lejos de su hogar, conforme se iban haciendo de años en el servicio el premio llegaba y tenía que ver con la elección de lugares cercanos a sus hogares o dentro de las grandes urbes, ya que en dichos lugares contaban con todo lo básico y lo necesario para tener una mejor calidad de vida (escuelas, hospitales, centros de recreación y entretenimiento).
El fin del ciclo escolar era también el final en ese espacio laboral, principalmente para quienes trabajaban en escuelas unitarias, bidocentes, tridocentes o de organización incompleta en comunidades rurales o semiurbanas; quedaban (eso sí) dichas experiencias grabadas en la memoria por todo lo que implicaba hacer mucho con poco y por la relación cercana con las pequeñas comunidades y su población (niños y padres de familia).
Pero llegaron los tiempos donde la docencia egresada del normalismo perdió presencia e identidad, un tanto por no reinventarse y otro por ser un estorbo ideológico para el Estado o, cómo decía un secretario de educación de ingrata memoria: –“cualquier profesionista con licenciatura puede ser maestro”–, aparecieron entonces licenciados de todas las áreas (médicos, abogados, ingenieros, contadores, mercadólogos y demás) con múltiples competencias en dichas áreas y supieron sortear los exámenes para ingresar al servicio docente, algunos entendieron rápido la exigencia y se dieron a la tarea de informarse y tomar cuanto curso o taller se les presentara para construir una práctica docente que provocara aprendizajes en sus estudiantes, otros más siguieron y siguen en el servicio suspirando por la profesión por la que se formaron y cuyas prácticas docentes con tintes rupestres se centran en el libro de texto y no más, a lo sumo.
La movilidad hacia los centros urbanos se convirtió en una necesidad para las nuevas generaciones de docentes, principalmente porque la escasez de medios y recursos que presentan las escuelas rurales, semiurbanas o de la periferia de los centros urbanos no representan un reto para la creatividad docente, sino que son un estorbo en su imaginario de docencia ideal y la comodidad laboral.
Sabemos que existen beneficios para aquellos docentes que laboran en los lugares más apartados, en tiempos del Programa de Carrera Magisterial se requerían menos años de servicio en las escuelas de zonas marginadas o de bajo desarrollo para promoverse (8 años para poder llegar a la categoría más alta “letra E” contra 14 años en centros urbanos), con la USICAMM también reciben trato preferencial aquellos docentes que trabajen en zonas de alta pobreza y marginación alejadas de las áreas urbanas, entre otros un puntaje adicional, aún así ello no es motivo suficiente para que los docentes renuncien a acercarse laboralmente a sus hogares o a los centros urbanos.
El peregrinaje magisterial no es más un proceso de crecimiento sino una condición de comodidad porque no es un trabajo de tiempo completo, un tanto por los ingresos salariales que se perciben y, otro, por la falta de identidad de la profesión, en tanto, se quiera o no reconocer, esta realidad afecta a la excelencia o calidad educativa tan nombrada en planes y programas de estudio, es por ello, que urge un mecanismo que le dé sentido e importancia al trabajo docente, principalmente porque quien provocó dicha crisis (la SEP y el SNTE) lo deben resolver con políticas públicas que generen esos cambios positivos en la identidad magisterial.

*Editor de la Revista [email protected] [email protected]

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: