LA EDUCACIÓN EN MÉXICO DEMANDA OTRA DIRECCIÓN

Por: Miguel Bazdresch Parada*

Con ocasión del nombramiento de la nueva Secretaria de Educación Pública se ha dado una discusión sobre la idoneidad de los ocupantes de altos puestos en esa misma secretaria, sobre todo en este sexenio. La discusión asume como punto de partida la necesidad de la experiencia como base indispensable para ocupar un alto cargo cuyas funciones impliquen directrices hacía los profesores de los diferentes sectores y segmentos de la educación.

Un/a funcionario/a cuya tarea sea orientar a profesores o encargados de una área educativa ha de conocer por propia experiencia cuáles son los temas, situaciones y problemas, estructurales y cotidianos, para que sean aceptados y aceptables sus directrices.

Sin embargo, los hechos parecen indicar en otra dirección cuando se trata de resolver la problemática educativa cotidiana y la del sistema educativo en cuanto tal. No pocos profesores distinguidos han ocupado los altos cargos de las secretarias de educación, federal y locales; y la problemática no parece ceder mucho.

Profesionales con experiencia técnica, administrativa y de recursos humanos también han sido llamados a esos puestos de alta responsabilidad y tampoco las mejoras y soluciones han sido numerosas y exitosas.

Por otra parte, en relación con la formación de los estudiantes se confía en el diseño de los llamados planes de estudios, cada vez con estructuras e ideas afines a los funcionarios responsables, lo cual los condena a un círculo vicioso de “diagnóstico de los problemas, consultas en reuniones y cenáculos, destilación de una propuesta políticamente correcta, y mandato vertical de “hágase”, con las consecuencias finales de “se hace lo que se puede”, hasta el siguiente sexenio en el cual se repetirá el ciclo”.

En este mundo educativo-educador, ya desde antes de la pandemia, estaban claras tendencias cuya vigencia se confirma cada día. El mundo del conocimiento admite la incertidumbre como plataforma en la cual la ciencia, el arte y la realidad se mueven en sentidos variables, múltiples, simultáneos y sorprendentes. ¿Es posible dejar de enseñar–aprender en una escuela básica los descubrimientos de la física de hoy? ¿Es posible en una aula básica hoy no revisar las enormes y lejanísimas galaxias, los “hoyos negros”, la tecnología que hace posible detectarlas, verlas y estudiarlas y los correspondientes conocimientos e incertidumbres? ¿Es posible dejar de lado estudiar los algoritmos como operación sustancial por la cual las matemáticas están presentes desde el celular personal hasta en las decisiones financieras que definen al mundo económico cada día y a veces cada minuto?

Hoy estamos ante certezas, algunas ancestrales, y ante incertidumbre, algunas ancestrales también, que han de reunirse para mostrar lo conocido, lo que hoy se busca conocer (cómo y porqué) y lo que desconocemos, pero sabemos cómo nos influye todos los días, todo eso, reunido todos los días en el proceso de aprender.

Estos cambios fuertes requieren una administración local, cercana a los actores educativos, estudiantes, profesores/as, familias y mundo social. Desde el escritorio de Vasconcelos, y sin haber sufrido a un grupo de niños de cuarto de primaria o de jóvenes de segundo de secundaria, no se puede dirigir la educación. Autoridades locales, cercanas, conocedoras y rápidas para moverse en atender demandas y futuros. Esa es una dirección capaz de enfrentar la problemática educativa de hoy y mañana.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). [email protected]

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