NO HAY PALABRA CORRECTA

Valery buscaba la palabra correcta (le mot just) porque en su cabeza el universo se reducía al tamaño de la palabra sin ninguna relación.

Ya desde Sapir y Whorf se sabía que el hombre no piensa con palabras ni utiliza el lenguaje, entidad abstracta de segundo nivel, sino la frase.

Los hombres y las mujeres, los infantes, aunque profieran una sola palabra, hablan en frases u oraciones.

Hay quien dirá que la frase es un aspecto del lenguaje, equivocándose rotundamente pues la frase tiene como referencia una acción concreta.

El lenguaje es una entidad abstracta, de segundo nivel, es decir, metalenguaje.

La frase es la forma material del pensamiento, compuesta por un grupo de palabras articuladas de acuerdo a su función gramatical, función que para nada les interesa a los hablantes, pues el lenguaje es un instrumento inventado por los hombres primitivos a fin de comunicarse.

El hombre primitivo, como el hombre del siglo XXI, usan el lenguaje con fines de comunicación, de información, de dirección o de expresión emocional.

Se dice que las palabras, siguiendo la hipótesis bíblica, son los marbetes, las etiquetas, de los objetos de la realidad, del mundo, pero lo único que le interesa al hombre son las relaciones de los objetos, su utilidad.

Una frase, u oración, refleja la acción de alguien y sus efectos sobre algo u otro alguien.

No hay palabra correcta, justa; hay una frase que representa a la vida misma.

Ni el niño, hemos dicho piensa con palabras, y el adulto que busca palabras deber ser alguien que confunde su relación con el mundo, pues actualmente el lenguaje es un instrumento para describir e interpretar al mundo y al hombre mismo.

Establecida esta diferencia podemos observar que hombres y mujeres que atienden a las frases son más inteligentes que los que dan relevancia a las palabras, como el principio de motricidad.

Una persona que tiene mejor coordinación muscular tiene más facilidad en el manejo de las frases, su comunicación es más fluida y más lógica.

Ya Jean Piaget advertía que hasta que el infante tiene dominio de su movilidad empieza a hablar.

También podemos ver que, a mejor entendimiento de la frase, mayor capacidad de resolver problemas.

Valery, obsesionado por la palabra exacta, un pensamiento metafísico que se aparte de la realidad, abrió puertas a la filología y a las etimologías, con lo que se inició la búsqueda de las palabras primitivas a lo largo de la historia y que cimientan la investigación filosófica revisionista en la actualidad.

La filosofía de mediados del siglo XX hasta nuestros días solamente es revisora de lo que el hombre ha hecho hasta ahora, con la finalidad implícita, latente, de hallar si el hombre es o no es malo por naturaleza, pensamiento que se crea a finales de la II Guerra y que todavía resulta vigente a más de 65 años de su término.

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