UNA DIFERENTE FORMA DE MIRAR AL MUNDO

1) –Apuesto diez dólares –dijo Hemingway a sus amigos con los que tomaba una copa– a que escribo una historia con seis palabras.

Sesenta dólares relucieron en la mesa y Hemingway escribió:

“For sale: babe shoes, never worn.”

(Se venden zapatos de bebé jamás usados).

Este es el origen de los microrrelatos o minificciones que hace varios años estuvieron promoviendo dos españoles en una feria internacional del libro, luego fueron entrevistados por la radio de la universidad y echados al olvido hasta que la dichosa pandemia hizo posible la revisión y el rescate de algunas ideas que han germinado bien entre algunos jóvenes que se inician en la escritura de la imaginación.

La poética de estos jóvenes de 40 y menos se encuentra en una de las ideas de Julio Cortázar explicada en un encuentro de escritores en Cuba.

Un jab, una fotografía, son las analogías de un cuento y me parece que al decirlo pensaba en “Las babas del diablo”, su genial cuento que Antonioni llevaría luego al cine.

prospero
                    Natalia Madrueño. Archivo

Varias antologías de minificciones o microrrelatos aparecieron en año y medio de la pandemia.

2)- En sólo un breve número de textos, Natalia Madrueño nos muestra su visión del mundo que nos habla de un proceso de transformación a través del darse cuenta de su hacer.

La mujer que duerme de día porque tiene que cuidar a su familia durante la noche; la transferencia de personalidades; la imaginación del niño que encuentra un punto de unión entre dos mundos al que podrá acceder solo cuando sea mayor, nos halan de una autora que cambia, que quiere mostrar la posibilidad de una existencia diferente a la que estamos habitualmente inmersos.

En ese cambio que solo ocurre en la conciencia hay una serie de luchas entre lo bueno y lo malo determinado por el tiempo; un tiempo que no es histórico porque no hay en esos textos un relato, sino una descripción de lo que va ocurriendo en un tiempo no histórico, sino metafísico, porque los hechos que relatan esas minificciones no son temporales.

Natalia dice explícitamente que tiene miedo de que alguien usurpe su vida, de que la “coma el coco” y por ello no vive una vida real, sino una ficticia que es como un reflejo en un espejo; reflejo que puede ser real si pensamos en Lewis Carroll o una ficción como las fantasmagorías de algunos cuentos de Cortázar.

Sin embargo, sus relatos, centrados en el cambio de conciencia, son fantasmales porque no hay personajes vivos, actuando en el mundo, todos son fantasía, proyecciones, fantasmas de la mente.

De acuerdo a una analogía en este momento histórico-social no hay individuos, todos son personajes de un gran teatro, todos buscan esconderse, no dar la cara, y aunque hablen y afirmen, todo lo dicho solo es una sospecha, un grado de desconfianza que solo puede verse con un ojo muy refinado como si el ojo tuviera un microscopio integrado y pudiera observar las cosas más diminutas y más cercanas que la nariz.

Por eso puede calificar de manera certera, a la manera de un psicoanalizado que sabe y reconoce la diferencia entre el antes y el después, la causa y el causante de las cosas que se viven en el ahora, y también lo absurdo, porque es absurdo hacer cosas que se saben inútiles como si no pudieran evitarse.

Sus personajes sólo identificados por su género, su posición social o su relación parenteral, hacen lo que hacen y se detienen; no ir más lejos por esa determinación social, pero en ese hacer hasta su límite determinado queda la pregunta sobre si son los mismos los de antes y los de ahora, una pregunta metafísica que angustia y crea desasosiego.

Cuando dice que “comenzó por mordisquear sus labios” no sabemos quien es el que habla y de ese personaje solamente sabemos que es un varón por lo que dice de las mujeres y también sabemos que está realizando una confesión policíaca por una sola frase dicha antes de la última frase que desfasa la comprensión de todo el texto.

3)- El universo de las minificciones de Natalia Madrueño es metafísico. La apariencia de las cosas, como decía Kant, nos lleva a un mundo invisible, que podemos deducir intuitivamente y que nos deja un grato sabor de incertidumbre, aunque sospechamos el engaño que nos hace creer, como en toda ficción, que es cierto lo que no lo es.

En esa incertidumbre radica su razón estética: es algo que se puede ver, pero no tocar. Contemplar, pero no utilizar. Es un conjunto vacío que nos llena.

Acabo de leer en este momento un nuevo microrrelato que publica en el facebook. Parece que es algo personal como inicia, pero el final nos dice, por el tratamiento de la narración descriptiva, que no es Natalia la que habla, sino alguien más, un narrador que no se identifica pero que se muestra firme en lo que dice, y que nos muestra algo que estaba ante nuestros ojos, pero que no lo veíamos.

Natalia es una escritora original a la que habría seguir en el proceso de desarrollo de su expresión literaria.

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