LOS CINCUENTEROS PARECIERA QUE, NO CUMPLIMOS

Por: Dr. Luis Octavio Cotero Bernal
Director del Observatorio Académico de Justicia y Seguridad Pública de la División de Estudios Jurídicos de la Universidad de Guadalajara.

Se ha puesto muy de moda, a través de las redes sociales, referir que, quienes nacimos a finales de los cuarentas y principios de los cincuentas, nacimos y vivimos en una época privilegiada, los mismos que, actualmente pertenecemos a la tercera edad y quienes por cierto, ya estamos partiendo de este mundo.

En esa época en la que nosotros nacimos, México estaba en pleno crecimiento, progresaba en todos los sentidos, llámese en la agricultura, en la ganadería, en la industria alimenticia, etc. La sociedad en general, teníamos oportunidades laborales y académicas para poder trabajar y/o estudiar, acorde a la condición de cada quien.

En esa época, el nuestro era un país con ciudades y pueblos habitados por ciudadanos y pobladores hospitalarios, solidarios, fraternos; en sí, seres humanos respetuosos y respetables. Tiempos en los que, también había parejas que, sino eran felices, sí vivían realmente integrados como familia, sin importar cuán numerosa fuera la familia y, muy al margen de los aspectos negativos que, revestían al jefe de familia, ello no conllevaba que dejara de ser el eje central de dicho núcleo familiar.

Por su parte, la mujer jugaba un papel muy importante desde la familia, pero no se limitaba a sus integrantes, pues indiscutiblemente que, trascendió sobremanera en la sociedad que imperaba en aquellos tiempos.

Era precisamente la mujer quien, por sugerencia o instrucción del jefe de familia, aplicaba todas las reglas y todas las directrices impuestas dentro del seno familiar y en beneficio de toda la sociedad.

Nos conocíamos perfectamente entre vecinos, pues eran épocas en las que, las familias convivíamos fraternalmente, gozábamos de un aire limpio, de unas calles seguras, de una flora y una fauna basta y la gran mayoría de nosotros, logramos cumplir nuestros objetivos profesionales, laborales, económicos, los que, indiscutiblemente, nos permitieron disfrutar de una vida cómoda, holgada y poder compartir con quienes nos dieron la vida, en aras de mejorar su calidad de vida con una gratitud perenne.

Como todas las generaciones tuvimos carencias, pero fuimos afortunados en otros tantos aspectos y para ejemplo de ello, me referiré a la guía y la orientación que encontrábamos en la pareja, para juntos lograr emprender el vuelo y conformar nuestra propia familia y es en este tema en el que, precisamente entro en conflicto, pues pareciera que no lo hicimos bien o nada bien, dado que, una mayoría de las generaciones actuales, son el resultado de la injerencia de los cincuenteros como yo que, de acuerdo a la realidad que estamos viviendo, vale la pena preguntarnos ¿en qué nos equivocamos? ¿en qué fallamos como padres?

En nuestra época no se estilaba que, en casa se nos orientara sexualmente y cualquier que fuera nuestra inclinación sexual, ésta se mantenía en el anonimato y era innecesario exhibir tal condición. La enseñanza que adquirimos en nuestra casa y en la escuela fue, de tal manera que, estábamos obligados, tanto heterosexuales como homosexuales, a guardarnos el debido respeto y preservar el pudor que, la sociedad nos había impuesto, sin que ello conllevara discriminar a terceros.

Hoy en día, como sociedad hemos llegado a extremos innecesarios, lo que, desde mi punto de vista fue posible, al salir de la escena familiar esa rigidez que, durante varias décadas revistió el seno de las familias pertenecientes a la bien llamada época de oro.

Las generaciones actuales han sido favorecidas con la implementación y el uso de las tecnologías que, para algunos como yo, nos rebasaron; sin embargo, si bien a las nuevas generaciones la tecnología les ha facilitado la vida, no menos cierto es que, no la han sabido manejar de una manera inteligente para con ello, lograr vivir en mejores condiciones sociales, por el contrario, ella contribuyó a su retroceso en otros aspectos no menos importantes.

La sociedad a la que pertenecemos actualmente, es una sociedad en la que, la vida no vale nada, en la que los hijos matan a sus padres y de igual manera, los padres matan a sus hijos.

Es necesario que, quienes tuvimos la dicha de comenzar a vivir, situados en un país generoso en todos los sentidos, nos preocupemos y ocupemos en recuperar parte del México que se nos fue, pues moralmente estamos obligados a heredar a las próximas generaciones, un país en el que los seres humanos recobremos la capacidad de interactuar respetuosamente entre iguales, con el único propósito de integrar una sociedad que viva en paz .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: