LA MITAD DE LA POBLACIÓN MUNDIAL

Por: Luis Rodolfo Morán Quiroz*

El porcentaje de población humana femenina en el mundo, según datos del Banco Mundial, es del 49.7% (https://datos.bancomundial.org/indicator/SP.POP.TOTL.FE.ZS). En algunas regiones y países del mundo, esta proporción es ligeramente distinta. En Bahréin es de 37.9%, en Curazao y en Serbia es de 52.1%, en Georgia y Letonia 53%, en Kuwait y Omán el 39%, mientras que en Qatar alcanza sólo el 27.3%. En Ucrania y en la Federación Rusa, el porcentaje de población femenina es de 53.7%, muy cercana a la de Zimbawe, donde la cifra es de 52.8%. Arabia Saudita cuenta con un 42.2% de población femenina, lo que contrasta con el 52.3 de Antigua y Barbados. Puede apreciarse que el mundo árabe, en general tiene un déficit de población femenina, con un 48.3%, al igual que el Medio Oriente y el norte de África, muy cercana a la proporción de Groenlandia y Guinea Ecuatorial, en donde ronda el 47%. En Afganistán, la población femenina es del 49.5%, mientras que en nuestro país es del 51.2%.
En cuanto a la proporción de alfabetización, las mujeres en el mundo no están tan lejanas de los hombres: 0.95. Cuando el indicador es de 1, significa que la proporción de hombres y mujeres alfabetizados es igual. Cuando es menor a uno, significa que las mujeres tienen un déficit frente a sus contrapartes masculinas, mientras que, si es superior a uno, son las mujeres quienes están más alfabetizadas. Para el porcentaje de mujeres entre 15 y 24 años de edad alfabetizadas, encontramos algunos contrastes importantes (https://datos.bancomundial.org/indicador/SE.ADT.1524.LT.FM.ZS).

Países como Benín (0.79), Chad y Yemen (0.71) Costa de Marfil (0.82), Guinea (0.69), Guinea-Bissau (0.82), Malí y Níger (0.70), Nigeria, Somalia y Pakistán (0.84), o la República Centroafricana (0.61) muestran un marcado déficit de alfabetización en ese grupo de edad. Cabe preguntarse, si la escolaridad ha ido en aumento en años recientes, los niveles alarmantes a los que llega el analfabetismo en mujeres mayores de 24 años de edad en esos países. En contraste, países como Qatar, Uganda y Sri Lanka, el déficit está en la educación de los varones, pues la proporción es ligeramente por encima del 1, número en el que se ubica México. Resalta que, para Afganistán, esta cifra está en el 0.58. En términos porcentuales, estamos hablando de que por cada cien afganos alfabetizados entre 15 y 24 años, apenas 58 mujeres en ese rango de edad saben leer y escribir.
Resalta que en el mundo no fuera habitual que las mujeres votaran. La democracia y la política eran cosa de hombres. Así que las mujeres estuvieron fuera de la democracia formal hasta fines del siglo XIX. El primer país que permitió el voto femenino fue Nueva Zelanda (en 1893, según algunas narrativas, aunque en 1902 según este compilado mundial en donde, además, se recomiendan películas asociadas con este derecho en contextos específicos:

http://cit.zacatecas.gob.mx/index.php/2020/03/11/este-mapa-muestra-el-ano-en-el-que-las-mujeres-consiguieron-derecho-a-voto-en-cada-pais/).

Todavía hay madres y abuelas en nuestros tiempos que recuerdan la primera vez que pudieron ejercer su derecho al voto en México, pues fue a partir de 1947 que se les reconoció ese derecho. Estados Unidos no empezó mucho antes, pues reconoció este derecho apenas en 1920. En Grecia, tan famosa por la democracia, el voto femenino inició en 1952, en Suiza en 1971. En España, el voto femenino se permitió a partir de 1931, pero las elecciones libres estuvieron proscritas en ese país durante cuarenta años, entre 1936 y 1976, con la muerte de Francisco Franco.

Acudir a la escuela, leer, comunicarse por escrito, votar en elecciones, decidir en las grandes y en las pequeñas ocasiones, nos parece algo lógico, natural, deseable y hasta lamentamos cuando alguien no haya tenido la oportunidad de realizar estas acciones que consideramos indispensables y a la vez relativamente sencillas a pesar de la complejidad y la tenacidad que conllevan. Para muchos de nosotros, la educación está ligada directamente con la capacidad de ASPIRAR a otras realidades (por más que haya al menos un presidente latinoamericano que critica a los “aspiracionistas” que sueñan con la posibilidad de estudiar más e incluso formarse en el extranjero). Como muestran algunos estudios (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305750X18300342), la posibilidad de que las mujeres accedan a la educación contribuye a un mayor desarrollo de sus comunidades y las convierte en modelos a seguir para las siguientes generaciones. Algo tan simple como el hecho de que conocer a alguien que escribe, se comunica, articula sus ideas y toma decisiones es un excelente modelo para pensar que la vida puede ser de otro modo del que es para quienes no han adquirido o están en el camino de aprender estas habilidades.

Por eso resulta lamentable e indignante que en Afganistán hayan surgido prohibiciones para que las mujeres asistan a la escuela y a la universidad. Esta visión de los políticos talibanes que, a su regreso al poder habían prometido respetar los derechos de las mujeres, se convierte en un paso hacia atrás en las posibilidades de desarrollo de ese país. En cierto modo, se convierte en un experimento social que pocos estarían dispuestos a emprender: ¿qué pasará si se excluye a casi la mitad de la población de un país del acceso a la educación? Ya a fines de los años noventa, el primer régimen talibán había prohibido a las mujeres trabajar y asistir a la escuela, entre otras muchas formas de limitar la acción de las mujeres (por ejemplo: https://cdn1.sph.harvard.edu/wp-content/uploads/sites/2469/2014/04/13-Iacopino.pdf).

Estas medidas, enfocadas a controlar, oprimir y someter a la mitad de su población, de ninguna manera irán en beneficio de la población masculina. Basadas en un temor a ser superados, algunos de los hombres que promueven o apoyan estas medidas de exclusión de las mujeres, son miopes ante las consecuencias que tendrán. Sabiendo que la educación es un imperativo para promover el desarrollo y mejorar las condiciones de salud de toda la población, forzar a las mujeres a salir de los ámbitos de la educación equivale a desperdiciar una enorme cantidad de recursos cognitivos, intelectuales, históricos, de experiencias y de aportaciones a la sociedad más amplia.
Que las mujeres compartan el poder con los hombres, por más complejo que pueda parecer, plantea desafíos que los talibanes de Afganistán (y de otros países, aunque no se denominen a sí mismos con ese apelativo) no están dispuestos a enfrentar. Les resulta más fácil ser la única voz cantante, la única visión “válida”, en vez de aceptar la posibilidad de dialogar y de considerar otras perspectivas que consideren otros factores que suelen plantear distintos retos mucho menos reduccionistas. La participación de las mujeres en los ámbitos de acción social implica la entrada de habilidades que no siempre están disponibles a los hombres (por más que algunos se crean autosuficientes o superiores). Así, algunos estudios muestran que la participación política y educativa de las mujeres (por ejemplo: https://www.euruni.edu/blog/how-education-plays-a-role-in-the-empowerment-of-women/). Una mayor participación en la escuela implica una mayor participación en decisiones cotidianas en los ámbitos de la política, de la salud, del autocuidado, y de las soluciones a distintos problemas sociales, familiares e individuales. Evitar el acceso de las mujeres a la escuela y a la universidad resultará en consecuencias catastróficas para Afganistán en el mediano y el largo plazo, y el control que pretenden imponer los talibanes se convertirá en una situación de emigración, suicidios, violencia, desesperanza, rezago económico y político (https://www.euruni.edu/blog/how-education-plays-a-role-in-the-empowerment-of-women/ y también aquí: https://www.skillrary.com/blogs/read/role-of-education-in-women-empowerment). Mientras que en otras regiones y países del mundo se realizan esfuerzos explícitos para empoderar a las mujeres (por ejemplo, en el Punyab: https://ucp.edu.pk/blog/empowering-women-to-change-the-world-via-higher-education-equal-representation/ y más específicamente en la India: https://files.eric.ed.gov/fulltext/EJ1081705.pdf). Tras unos años en que se reconoció la necesidad de mejorar la educación de las mujeres en Afganistán (https://www.worldbank.org/en/news/feature/2017/04/10/health-education-programs-empower-women-address-capacity-shortages-afghanistan), desafortunadamente el actual régimen regresa a propuestas que van en contra de su propio beneficio (http://yris.yira.org/essays/4883 y https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8669297/).
Es lamentable que los talibanes desaprovecharan la oportunidad de mostrar que la ocupación de las tropas de Estados Unidos no equivale a tener un país democrático. De algún modo, acaban reforzando la ideología imperialista de que, para que haya democracia, se requiere de la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses en los países. Tristemente, bloquear el acceso de las mujeres en ésa y en otras partes del mundo es una medida que nos perjudica a todos los habitantes actuales y a muchos de los habitantes futuros de este conflictivo planeta.

(https://www.ohchr.org/en/statements/2022/12/afghanistan-talibans-outrageous-exclusion-women-and-girls-universities).

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del departamento de sociología. Universidad de Guadalajara. [email protected]

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