SOBERBIA, COBARDÍA Y CONCIENCIA

Por: Dr. Luis Octavio Cotero Bernal

Director del Observatorio Académico de Justicia y Seguridad Pública de la División de Estudios Jurídicos de la Universidad de Guadalajara.

La soberbia y la cobardía, dos lastres que, asedian al pueblo mexicano, un pueblo de escasa conciencia.

Es muy penoso ver, cómo las autoridades de este país, refiriéndome de manera particular, al gobierno federal y al gobierno estatal, encabezados por dos servidores públicos que, han exhibido dentro y fuera de la sociedad mexicana, una soberbia rebasada, de la misma manera que, nosotros el resto de la sociedad, hemos exhibido una cobardía inusitada.

Desde mi punto de vista, la conciencia es un elemento ausente actualmente en el pueblo de México, pues no sólo está ausente en el gobierno, pues es innegable que, en este país, el presidente de la república ha asumido una actitud imperial que, no tolera y por lo menos soporta, inconformidad expresa de alguno de sus vasallos.

Está próxima a realizarse la marcha que, dice encabezará, programada para el próximo domingo veintisiete de noviembre y como lo presume, la gente quiere marchar y desde luego estoy seguro que, se refiere a los pocos que, voluntariamente le acompañaran, pero también acudirán muchos extorsionados por la miseria, ese grupo a los que, cada bimestre les hace llegar, parte de los impuestos que, los mexicanos pagamos, porque hay que, decirlo con claridad, ni un solo centavo de ese dinero, es aportado de su patrimonio, pues también lo ha dicho con mucha claridad que, ya que de su bolso, su dinero lo maneja su esposa; es decir, el sueldo que le pagamos mensualmente  (el que a su arbitrio se asignó) se lo entrega íntegro a su esposa; sin embargo, de lo que, si hace uso de los banquetes más suntuosos que, se sirve, para sí mismo y ocasionalmente a sus invitados extranjeros que, por diversas temáticas y necesidad vienen a nuestro país en defensa de los intereses del país al que, representan.

A todo lo anterior hay que sumar su intolerancia, producto de una evidente e innegable supina ignorancia, pues es tanta sus escasez intelectual y cultura, así como su más elemental urbanidad, al grado tal de afectar la opinión y la actuación de quienes, discrepamos de su penosa y deleznable forma de ejercer el poder, pero muy distante de gobernar, ya que son conceptos, muy di símbolos, al margen del discurso que, prometió en la celebración de la Revolución Mexicana, el último veinte de este mes en el que, censuró acremente, la dictadura de Porfirio Díaz, señalando el manejo de las obras públicas y el endeudamiento del país, muy acorde a su actuación en la actual administración, dado  que, ahora tiene una desventaja más, pues las que él preside, son obras faraónicas, inútiles, altamente costosas, las cuales han traído aparejado un ataque inusitado al medio ambiente.

Todas las obras autorizadas en la presente administración federal, se han logrado, gracias a un gran despilfarro, no obstante que, en México que, aumenta significativamente la pobreza.

Quisiera abordar un enfoque diferente al expresado líneas atrás, para referirme al gobierno del estado de Jalisco, pero al igual que, el gobierno federal, aquí también impera esa actitud tan poco digna y también impera la corrupción y la des gobernabilidad, pues el titular del ejecutivo estatal, a través de su actitud corporal deja en claro su soberbia, prepotencia y arrogancia, todas ellas siempre estelares.

La conciencia cívica, el honor, la dignidad y el valor civil del pueblo mexicano, parecieran que, están en el más lamentable letargo de la historia, consintiendo a tan célebres personajes que, accedieron al poder por la vía democrática y queda claro que, son producto de un grave error de los electores que, los encumbramos en semejantes cargos, por lo que, hoy es hora de sacar la casta, respetar nuestra dignidad y honor, pues aunque lo neguemos, se ha tolerado que, se mancille, en nombre de una actitud inteligente, permitir actitudes y omisiones de quienes nos gobiernan y que,  en su conjunto nos  han llevado a la realidad social en la que nos encontramos estancados.

Los viejos y los no tan viejos; los maduros y los jóvenes; los que somos abuelos, los padres, los hijos y los nietos, debemos hacer honor a nuestra patria restableciendo el orden y el estado de derecho, al precio que sea.

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