
SEGURIDAD DE PRIMER MUNDO PARA TURISTAS Y DE QUINTO PATIO PARA LOS JALISCIENSES
Por: Redacción/ TEN/ Política
Mientras las cifras de homicidios y desapariciones continúan marcando el ritmo de la vida cotidiana en México, el aparato gubernamental parece haber encontrado un oasis de eficiencia, pero solo bajo los reflectores del fútbol internacional.
A escasas semanas del silbatazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco ha desplegado un discurso de «blindaje total» que contrasta amargamente con la realidad de una entidad que sigue lidiando con el control territorial del crimen organizado.
Juan Pablo Hernández, titular de la seguridad en el estado, presumió recientemente una coordinación institucional sin precedentes.
Bajo el denominado «Plan KúKulcán», el Gobierno Federal ha volcado recursos de la Guardia Nacional y la SEDENA para convertir a Jalisco en una burbuja de seguridad.
Resulta irónico que la voluntad política y operativa que se le niega habitualmente a las colonias populares y a los familiares de víctimas de violencia, desaparecidos, entre muchas situaciones que no ha inhibido la inseguridad de los tapatíos y aparezca de forma mágica cuando se trata de proteger la imagen de México ante el mundo y salvaguardar a las delegaciones internacionales.
La preparación, según el funcionario, es exhaustiva: simulacros de atentados, operativos antiterrorismo y capacitación de élite impartida por agencias como el FBI, los U.S. Marshalls y las policías de Francia y España.
No obstante, surge una pregunta incómoda: ¿por qué este despliegue de inteligencia y tecnología de punta —que incluye inhibidores de drones y software de intercambio de información estratégica— no se aplica de manera permanente para frenar la impunidad que asfixia al estado?
La prioridad del Estado parece clara, el éxito del evento deportivo está por encima de la crisis de seguridad estructural que sufren los ciudadanos de a pie.
El operativo promete extenderse más allá del Estadio Guadalajara, abarcando desde los corredores nocturnos (turísticos) de la capital hasta pueblos mágicos como Mazamitla y Tapalpa.
Sin embargo, esta vigilancia «especial» en zonas de alta afluencia turística se percibe más como un maquillaje temporal que como una solución real.
Mientras los turistas disfrutan de una seguridad de primer mundo, los jaliscienses se preguntan si, una vez que ruede el último balón y las luces del Mundial se apaguen, la tecnología y el rigor táctico se irán de la entidad junto con los visitantes extranjeros, dejando atrás el mismo escenario de inseguridad que hoy se intenta ocultar bajo el espejismo de la FIFA.