CULTURA

San Julio Álvarez, un mártir tapatío sacrificado en San Julián

castleEl nombre «Mechoacanejo» deriva etimológicamente de voces autóctonas asociadas a lugares de peces o tierras altas de paso, remitiendo a las pequeñas cañadas y arroyos de la región. También llamado “Chaneja” por sus habitantes, en este encantador pueblito descansan los restos y reliquias de San Julio Álvarez Mendoza, Santo Mártir de la Guerra Cristera.

Por: Redacción/ TEN/ Cultura

En el marco del centenario del inicio de la denominada Ley Calles, que desencadenó el conflicto político y religioso conocido como la Guerra Cristera, el análisis de la historia nacional cobra especial relevancia al recordar los hechos de persecución que sufrieron los presbíteros en activo y las comunidades rurales del país.

La historia de Mechoacanejo y de San Julio Álvarez Mendoza sintetiza de forma profunda este proceso histórico, político y social, entrelazando la génesis de una comunidad con el testimonio supremo de un sacerdote tapatío que se convirtió en el corazón identitario de Los Altos de Jalisco.mechoacanejo

Te puede interesar Arranca ciclo de conciertos gratis en Tlaquepaque: Mariachi en Jardín Hidalgo →

El asentamiento de Mechoacanejo comenzó a configurarse formalmente hacia el año 1777 sobre un territorio histórico ocupado de origen por comunidades nativas cazcanes y tecuejes, quienes habitaban estas zonas serranas y valles antes de la conquista, y con el avance de la evangelización y el poblamiento novohispano a finales del siglo XVIII, la localidad se consolidó con la llegada de familias criollas y mestizas provenientes de zonas aledañas que establecieron rancherías dedicadas a la ganadería y a la agricultura de subsistencia, derivando su nombre de voces autóctonas asociadas a lugares de peces o tierras altas de paso que remiten a las cañadas y arroyos de la región.

Es en este contexto de profunda raíz rural, que aparece un hombre sencillo, humilde y recién egresado de seminario en la capital jalisciense.

Nació el 20 de diciembre de 1866 en Guadalajara, Jalisco, su nombre era Julio Álvarez Mendoza, con el tiempo fue popularmente conocido como el señor cura de Mechoacanejo, quien creció en el seno de una familia trabajadora de recursos muy limitados.

Debido a la extrema pobreza de su hogar, no contaba con los medios económicos para sufragar sus estudios, por lo que ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara gracias al patrocinio de benefactores que apreciaron su piedad y entrega, y durante sus primeros años de juventud en la capital tapatía aprendió el oficio de sastre, labor que más tarde pondría al servicio de los más necesitados confeccionando ropa para ellos.

Su formación continuó hasta que el 2 de diciembre de 1894 fue ordenado sacerdote por el arzobispo de Guadalajara, Monseñor Pedro Loza y Pardavé, iniciando un recorrido pastoral que lo llevaría de la capital jalisciense a transformar radicalmente el destino de una comunidad marginada cuando, entre 1895 y 1926, fue asignado como vicario y posteriormente párroco de Mechoacanejo, en la diócesis de Aguascalientes, sirviendo allí durante más de treinta años.mechoacanejo

La relevancia de este poblado radica precisamente en cómo un sacerdote nacido en Guadalajara eligió entregarse por completo a esta comunidad rural durante más de tres décadas, sin ser un visitante transitorio, sino encarnándose en las carencias del pueblo para convertirse en médico de almas, educador y artesano, enseñando oficios manuales y ejerciendo la sastrería para vestir gratuitamente a las familias campesinas, además de vivir en una austeridad personal absoluta compartiendo su alimento y sus bienes con los más necesitados.

Este tejido social y espiritual se vio violentamente sacudido en 1926 cuando, tras la promulgación de la Ley Calles por el gobierno de Plutarco Elías Calles y que derivó en el estallido de la persecución religiosa, que ordenó el cierre de templos y la prohibición del culto externo, ante lo cual, el padre Julio Álvarez Mendoza decidió no abandonar a su comunidad y continuó celebrando los sacramentos en la clandestinidad, arriesgando su integridad antes de dejar desamparados a sus feligreses.

El trágico desenlace de su labor pastoral se desencadenó el 26 de marzo de 1927, cuando el padre Julio Álvarez viajaba a caballo rumbo al rancho El Salitre, situado a una corta distancia de aproximadamente siete kilómetros al norte del casco urbano de Mechoacanejo, una travesía rural entre brechas y valles serranos que realizaba de madrugada para administrar la Eucaristía de forma clandestina.mechoacanejo

En el camino fue interceptado por un destacamento de tropas federales comandado por las fuerzas del general Joaquín Amaro, ejecutor de las órdenes del régimen, siendo aprehendido bajo el único cargo de ser ministro del culto católico, lo cual dio inicio a una dramática peregrinación de prisión y escarmiento público en la que, atado brutalmente a la silla de un caballo, fue arrastrado y trasladado a través de varios poblados para exhibirlo ante la población, llevándolo primero a Villa Hidalgo, entonces conocido como “Paso de Sotos” e íntimamente ligado a Mechoacanejo por lazos comerciales y vecinales, de ahí, fue conducido hacia Aguascalientes, – diócesis a la que pertenecía territorialmente su parroquia-, y posteriormente trasladado hasta la ciudad de León, en Guanajuato, donde fue sometido a interrogatorios por parte del alto mando militar, sufriendo privaciones, humillaciones físicas y aislamiento, pero manteniendo constante una actitud de resignación, oración y serenidad.

Finalmente, las autoridades militares ordenaron su traslado al municipio de San Julián, Jalisco, una plaza emblemática del movimiento cristero en Los Altos, con el objetivo de utilizar su ejecución como lección inhibitoria para los rebeldes de la zona, y el 30 de marzo de 1927 fue conducido al sitio dispuesto para su fusilamiento donde las tropas, bajo la supervisión de los jefes militares de la zona, lo colocaron sobre un montón de basura como muestra de desacato y desprecio.

Lejos de mostrar rencor, el padre Julio Álvarez se dirigió a los soldados del pelotón y a los oficiales ejecutores expresando que sabía que lo mataban por el mero hecho de ser sacerdote, perdonándolos expresamente y pidiendo misericordia por los jóvenes inocentes que también habían sido capturados, cruzando los brazos para esperar pacientemente la descarga de fusilería mientras exclamaba que moría inocente y que su único delito era ser ministro de Dios.

Tras caer fusilado, su cadáver permaneció abandonado entre la inmundicia, hasta que en la oscuridad de la noche el sacristán José Carpio y varios vecinos devotos rescataron su cuerpo en secreto para darle digna sepultura, marcando el inicio del fervor popular que años más tarde culminaría con su exhumación, el traslado de sus reliquias a Mechoacanejo y su posterior elevación a los altares.

La trascendencia de su sacrificio traspasó las fronteras locales y llevó a la Iglesia Católica a reconocer su entrega a través del martirio por odio a la fe, siendo incluido en la causa de San Cristóbal Magallanes y 24 compañeros mártires, cuyo proceso formal de canonización se ratificó jurídicamente con la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión consistente en la curación científicamente inexplicable de una enfermedad incurable en una devota que encomendó su salud al grupo de mártires cristeros.maradona

Fue así como el 22 de noviembre de 1992 fue beatificado en la Plaza de San Pedro por San Juan Pablo II y, posteriormente, el 21 de mayo de 2000, fue canonizado solemnemente por el mismo Pontífice, convirtiéndose en uno de los 25 mártires cristeros de México.

La trascendencia de su canonización ha provocado que Mechoacanejo pase de ser un rincón campesino a un polo de peregrinación nacional.

Estos acontecimientos ocurridos a un siglo de distancia han impulsado a la comunidad a erigir un santuario dedicado a su memoria, precisamente en el lugar en que vivió, cuidó y defendió, San Julio Álvarez Mendoza, transformando la trágica memoria de su asesinato en el motor espiritual, histórico y cultural de la región.

Síntesis Informativa Matutina

Todo lo que necesitas saber antes de salir de casa

Las noticias más importantes de Jalisco, México y el mundo curadas por nuestro equipo de redacción para empezar tu día bien informado.

Víctor Galindo (Vigaro)

Periodista y comunicador tapatío con más de 25 años de trayectoria profesional en medios impresos, radiofónicos y digitales de Jalisco. Director General y Fundador de Todo En Noticia (TEN). Conductor titular del programa «Congruente» en Radio Congreso de Jalisco y del informativo Todo En Noticia. Especialista en cobertura legislativa, política estatal, rendición de cuentas, investigación social y cultura.