
QUEDA DEMOSTRADO, LA PRIORIDAD DEL GOBIERNO EN JALISCO ESTÁ DE LA PATADA
Por: Vigaro/ TEN/ Opinión
Es una señal clara de los tiempos que corren en Jalisco cuando la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en lugar de enfocarse en las estrategias estructurales para impulsar la productividad y el desarrollo económico, se convierte en una especie de oficina de logística para eventos deportivos, utilizando su investidura para emitir recomendaciones que, bajo el velo de la «concertación social», terminan por alterar el ritmo de la vida laboral del estado.
Resulta verdaderamente desconcertante observar cómo el gobierno, en un alarde de prioridades invertidas, dedica sus esfuerzos a gestionar la movilidad por motivo de los partidos del Mundial de Fútbol 2026, dejando en un segundo plano la incesante necesidad de los sectores productivos de operar con certidumbre y eficiencia.
La misiva dirigida a los empleadores es, en esencia, un retrato de la ineptitud de una administración que, ante la incapacidad de resolver los problemas de fondo que lastran la competitividad, prefiere navegar la corriente de los eventos mediáticos, pidiendo a las empresas que ajusten sus jornadas y se adapten a una saturación vial que es consecuencia directa de la falta de planificación urbana efectiva.
Al presentar el cronograma de afectaciones como si se tratara de una agenda oficial de gobierno, las autoridades no solo están normalizando la disrupción de la actividad económica, sino que, de manera implícita, le dicen al sector privado que el fútbol está por encima de la continuidad laboral.
Es elocuente que se invite a los empleadores a considerar «recomendaciones» voluntarias ante una saturación de tráfico que afectará gravemente los tiempos de traslado, cuando lo que las empresas requieren no son sugerencias para flexibilizar sus operaciones, sino soluciones contundentes a la movilidad y a las condiciones que impiden un crecimiento sostenido.
Al validar que la ciudad se paralice y que la producción se ajuste a los silbatazos de un árbitro, el gobierno abandona su papel de facilitador del desarrollo para convertirse en un gestor de entretenimientos, sacrificando la generación de riqueza en el altar de la distracción colectiva.
La ironía de este llamado radica en que, mientras se pide a las empresas «diálogo social y bienestar» para navegar los inconvenientes del mundial, la realidad productiva de Guadalajara se ve sometida a un experimento de adaptabilidad forzada que nada tiene que ver con las necesidades de mercado, sino con el afán gubernamental de evitar conflictos sociales derivados de su propia incompetencia logística.
Es una muestra de desprecio por el esfuerzo de miles de personas trabajadoras que ven cómo sus jornadas habituales son tratadas como un elemento secundario frente al espectáculo.
En lugar de blindar la actividad económica contra las crisis de movilidad, se ha optado por la salida fácil de la persuasión para que el sector productivo asuma los costos y las incomodidades de un evento que, bajo esta óptica gubernamental, parece ser la única prioridad que logra captar la atención de quienes deberían estar ocupados en la construcción de un Jalisco más productivo y menos dependiente de la evasión que ofrece el circo deportivo.