LA EDUCACIÓN QUE AÚN ES POSIBLE

Por: Miguel Ángel Pérez Reynoso*

El encabezado de este articulo coincide con el titulo de un libro de Gimeno Sacristán, en donde da cuenta de los desafíos de la educación del presente. En nuestro contexto la educación que es posible deberá dar cuenta del deseo de resistir ante un escenario de amenazas e incertidumbres sociales y contextuales.
El ambiente social de nuestro entorno comienza a permearse por el perverso manto de la política, el deseo por el poder ante la coyuntura electoral del 2024, hace que los distintos actores se distraigan en aspiraciones ligadas al futuro político de los grupos, los partidos y las instituciones.
La educación que aún es posible deber servir para contrarrestar el clima de riesgo y de inseguridad social en que vivimos todos. La violencia que se ha generalizado, la amenaza latente de inseguridad, el riesgo de ser desaparecido (aun por voluntad propia) de como cínicamente ha afirmado el gobernador, obliga a que la educación se coloque por encima de todo ello. Y a partir de ahí se requiere el diseño de propuestas de acción y de intervención, de la formación de agentes educativos que profesionalmente sean capaces de establecer proyectos de trabajo, que contribuyan a contrarrestar el clima de violencia que se vive.
La educación que aún es posible debe servir para darle claridad a los proyectos de vida y de desarrollo personal y social de jóvenes y de adolescentes. Vivimos dentro de un entorno que ha desdibujado la visión de futuro de jóvenes y adolescentes, muchos de ellos viven en el sin-sentido y, ante ello, se requiere una propuesta educativa que sirva como alternativa. Es importante que toda acción educativa recobre su solidez formativa y que sirva para dar claridad al horizonte formativo de las nuevas generaciones.
Las adolescencias y las juventudes de ahora se mueven entre las continuidades y las rupturas, culturalmente estamos ante escenarios inéditos a los cuales, las respuestas que surgen del entramado pedagógico no siempre son las mejores.
La educación que aún es posible debe darle claridad al amplio sector de ancianos o adultos mayores, personajes que están al final de su vida y que merecen un cierre digno de su proceso vital. Muchos de ellos que han vivido entre dos siglos, que les tocó la pandemia y sus secuelas, la revolución tecnológica, el galopante proceso de tecnificación y virtualización de la vida, siguen resistentes ante cambios tan abruptos. Desde la educación hay que responder a la demanda los mayores, ¿cómo?, así, adaptando las propuestas educativas ante un sector amplio de población que poco se mira. No se trata sólo de dar vales pronasoleros, o ayuda económica por ser adultos mayores; (eso es importante), pero es más importante darle valor a las personas que han dejado parte de su vida en el trabajo y en la entrega familiar. Escucharlos, acompañarlos, ocuparlos y darle valor a las cosas que hacen aun ahora, ¡ese es el desafío!
La educación que aún es posible sirve para cerrar una serie de puertas de cosas que debemos cancelar, pero también para abrir muchas más, puertas y ventanas que nos sirvan para mirar una realidad compleja, en movimiento y con demandas inéditas que merecen ser atendidos desde el dispositivo pedagógico, y desde la práctica de los educadores comprometidos con una sociedad que demanda y exige.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. [email protected]

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