EL HIJO ENAJENADO ADMINISTRANDO LA EMPRESA

Por: Dr. Luis Octavio Cotero Bernal

Director del Observatorio Académico de Justicia y Seguridad Pública de la División de Estudios Jurídicos De la Universidad de Guadalajara.

Como cualquier padre adinerado sin límite económico, a quien un día se le ocurre encargarle la administración de su negocio a su hijo, no obstante que, es evidentemente notorio su deficiencia intelectual, pero es su hijo y es su patrimonio, así que, poco o nada le preocupa el éxito o el fracaso que, el hijo represente al frente de su empresa.

Discúlpeme el anterior ejemplo mi estimado lector, pero es mi concepto de lo que estamos viviendo actualmente como país. Un país en el que, se supone que, el pueblo es el que, manda o al menos, así lo reza la ley y también lo pregonan los ejecutivos federales y estatales.

Si usted amable lector me percibe equivocado en lo que, desde luego es sólo mi opinión, le ruego por favor que, con el mismo atrevimiento que yo reflejo al expresar mis ideas, me lo repruebe. Dígame con toda vehemencia, en dónde está mi error.

Es bien sabido que, a nuestro país, derivado de su conformación geográfica, se le conoce atinadamente como el cuerno de la abundancia y digo que, atinadamente, porque el Creador del universo nos dotó en abundancia de sol, mar, tierra, flora, fauna, clima, metales y otros diversos recursos naturales que, si bien es cierto al día de hoy, una mayoría de ellos están ya muy deteriorados, también es cierto que, México sigue siendo un país rico.

A las administraciones actuales, las ha caracterizado el dispendio tan desbordado de los recursos; sin embargo, también la impunidad y la corrupción se encuentran desbordadas al interior de las administraciones, no obstante que, con el mayor cinismo, nuestros gobernantes sostienen lo contrario.

Recursos naturales como mar, la tierra, la flora, la fauna, el medio ambiente en sí, han sido terriblemente agredidos por la humanidad. Ante tal realidad, algunos países han tomado conciencia de las consecuencias, algunos otros continúan su día a día como si nada pasara. Tomar una postura indiferente o negar la existencia de dicho problema mundial, sólo conlleva seguir perjudicándonos, pues claro está que, los principales responsables del daño causado a la naturaleza somos nosotros.

La indiferencia de nuestros gobernantes se percibe, no sólo ante el evidente deterioro que, hemos infringido a nuestro ecosistema, también se percibe en temáticas no menos importantes como lo vienen a ser, el número de homicidios que a diario se cometen al interior de nuestro país, el número de personas desaparecidas, la comisión de diversos delitos, pero pareciera que, para la clase política es poca cosa, pues sólo se empeñan en sostener con estadísticas a modo que, la incidencia delictiva disminuye.

Somos una sociedad en la que, impera una total ausencia de procuración y administración de justicia. No se nos brinda seguridad pública, no se nos brindan servicios de salud de calidad y la pobreza extrema a lo largo y ancho de todo el país sigue en aumento.

Por todo lo hasta aquí expuesto, es urgente despertar nuestra conciencia y remover los talentos intelectuales que, cada uno de nosotros posee, retomar los valores cívicos y morales.

A nuestros gobernantes actuales, se le olvidó por completo que, el pueblo fue quien los llevó al poder y que, quienes los llevamos al poder fue, porque visualizamos posible un cambio; sin embargo, ya situados en los puestos que, actualmente representan, cambiaron de opinión y situaron al país por el mismo derrotero por el que, venía transitando anteriormente, pero con resultados mayormente desfavorables.

Es urgente   aplicar la medicina si, es que tuviera cura el padecimiento que aqueja a nuestro país. Es realmente necesario poner un alto a la clase política en aras de tratar de revertir el caos social en el que nos encontramos. No es posible continuar así, estancados en esta desgracia social, cuyas consecuencias todos las estamos padeciendo.

Vamos por México, por los que aún estamos y por los que vienen, pues indiscutiblemente no nos merecemos seguir padeciendo semejante anarquía.

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