¿INTERDICCIÓN PARA LOS EJECUTIVOS O PARA LA SOCIEDAD?

Por: Dr. Luis Octavio Cotero Bernal

Director del Observatorio Académico de Justicia y Seguridad Pública de la División de Estudios Jurídicos de la Universidad de Guadalajara.

En el derecho civil está previsto que, la interdicción y demás incapacidades establecidas en la ley, son limitaciones a la capacidad de ejercicio.

Al encontrarnos en el supuesto anterior, será necesario acudir ante autoridad competente para que, se lleve a cabo una declaración judicial en ese sentido y se hará también necesario, se le asigne al incapaz un tutor, a quien le corresponderá el cuidado de sus bienes, el cuidado de su integridad personal, así como la administración de su patrimonio para que, éste no sea dilapidado. Una vez que, la autoridad competente emita tal declaración judicial de interdicción, el tutor o representante designado, responderá en consecuencia.

He sido enfático, respecto al estado de cosas que vive la nación y muy en particular, he sido crítico de las condiciones sociales que revisten a nuestro estado, al que, después me referiré detenidamente.

Los mexicanos hemos sido testigos a lo largo de los últimos cuatro años, cómo este país ha perdido drásticamente el estado de derecho y ha perdido también, el régimen republicano, mismo que se constituyó, optando por un régimen gubernamental en los tres niveles, por un gobierno tripartito; sin embargo, hoy por hoy, indiscutiblemente de facto, estamos viviendo bajo una monarquía absoluta, tanto a nivel federal como a nivel estatal.

La anterior aseveración la sostengo, derivado de que, la persona que actualmente detenta el cargo de presidente de la república, lo ejerce de una manera, imperial, posicionado en un palacio al que acuden, principalmente aquellos, quienes han venido rindiendo un sometimiento inaudito.

Ejemplos de sometimiento al ejecutivo federal son, los poderes Judicial y Judicial, pero de igual manera somos ejemplo de sometimiento la sociedad misma, pues nosotros únicamente nos limitamos a desempeñar el papel de espectadores, ya que nuestra intervención se limita a, muy aisladas y pobres expresiones.

Nuestra incapacidad como sociedad también ha quedado exhibida, pue no hemos sido capaces de someter a nuestros mandatarios al cabal cumplimiento del mandato que les conferimos.

El estado social que, actualmente reviste a nuestra sociedad, conlleva una exhibición como país, la cual es percibida no sólo por quienes aquí habitamos, sino también a nivel internacional, demostrando que, en México impera la más absoluta anarquía, en la que la corrupción, la impunidad y la ineficiencia del estado, está totalmente desbordada.

La criminalidad es otra realidad social, una lastimosa realidad, pues la nuestra es una criminalidad que, superó desde hace años a las autoridades. Una criminalidad cruenta.

Todo lo anterior nos obliga a todos como sociedad a analizar si, se hace necesario solicitar una declaratoria de interdicción gubernamental, tanto a nivel federal como estatal, derivado de los severos problemas sociales a los que me referí líneas atrás.

Nuestra realidad social estatal, es otro ejemplo claro de monarquía, tipo de gobierno en el que se hace lo que, una sola persona decide, proceder que, en el caso concreto de nuestro estado, conlleva la manipulación de los poderes legislativo y judicial, quienes, sin mesura, cumplen y acatan los caprichos del ejecutivo estatal, generándose ese estatus anárquico, tanto el gubernamental como el social.

Para los gobiernos actuales la corrupción, la impunidad y la injusticia, dejaron de ser temas importantes en la agenda social, razón por la cual, nosotros como sociedad, requerimos urgentemente, superar de una buena vez este estado de interdicción para recuperar y hacer uso de todas nuestras facultades y sólo entonces contribuir a restablecer el orden social.

Urge de manera extrema que, esa mentada clase de los que, nacimos en los años cincuenta, los mismos que, presumimos honestidad, talento, dignidad, respeto, tengamos claro que, antes de irnos, debemos volver a poner en práctica el civismo y de esta manera, legar un mejor estatus a los que vienen detrás de nosotros, caso contrario, seremos la vergüenza de ellos por habernos beneficiado de una patria y un país pleno en todos los sentidos, el cual  no supimos cuidar y orientar a los que nos van a suceder.

México nos exige a todos, pueblo y gobierno, engrandecer el patrimonio que nos legaron aquellos que, ha costa de su vida, nos dieron patria…¡Qué viva México!

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