LA ÉTICA, LEJOS DE LA POLÍTICA

Por: Marco Antonio González Villa*

Hablar sobre la ética siempre genera y abre diferentes cauces de discusión y formas de manejar el concepto, sobre todo con académicos; la situación se complejiza aún más si analizamos su relación con la política. En lo social parece tener un carácter polisémico, en función del contexto geográfico y/o temporal o del sujeto que los enuncie, así como es continuamente confundida o igualada con la idea de lo moral, que, pragmáticamente, tiene otras características.
En un análisis retrospectivo, su etimología y antecedentes en la historia del mundo occidental observan en los griegos sus primeros abordajes y consideraciones, retomadas y ampliadas posteriormente por otros filósofos, occidentales igualmente. En su devenir, encontramos que, desde las perspectivas de Maquiavelo, Hobbes y Locke, la política tomó distancia de la ética y eso explica mucho del proceder actual de muchos dedicados a ese campo; de hecho, para el Psicoanálisis todo político es un cínico, que miente: por más que intente, pretenda o finja cumplir sus promesas nunca las cumplirá por completo, alejándose por completo de un enfoque ético que considere y beneficie a todos por igual. Al mismo tiempo, el mismo origen de la concepción de la ética es pantanoso, ya que, paradójicamente, sus primeros acercamientos fueron realizados inicialmente en países colonizadores carentes de toda ética.
Así, en la ética, la política y también, la incluimos ahora, en la educación, hay una realidad ineludible: el otro es protagonista. Pero, cuando hablamos del otro ¿a quién nos referimos?, específicamente ¿a quién concebían como semejante los filósofos? En Kant, Hegel y Marx se leen interesantes y sensibles propuestas de universalizar el comportamiento y la moral, pero al final sólo fueron palabras, ubicadas, como ya dije, a un tiempo y un espacio, que no trascienden porque no fueron concebidas para ir más allá de sus iguales. La etnia, el color de piel, el nivel económico, son una limitante para implementar la “ética europea” en nuestro continente, antes y aún ahora: en las clases sociales apareció ese cruel binomio esclavo-amo hegeliano, que cuestiona sus ideas sobre la ética.
En una siguiente fase hablaríamos de Nietzche, Sartre y Arendt, que parecen coincidir con esta idea Freudiana: la exterioridad del mal, con la moral como imposición externa, concibiendo una libertad omnipresente que implica la responsabilidad de sí y la inevitable consideración del sujeto éxtimo; se concibe a un ser de la maldad lejano a la belleza que presume el mundo occidental y se banaliza el mal no de los otros, el propio, aceptando y validando así la maldad en algunos contextos, en algunas personas, cuando nos es conveniente. Falta entonces reconocer el mal en uno, mal que se hace a los demás y/no a sí mismo: si se logra mirar ese mal y entender el impacto que tiene en el otro, hay una posibilidad de acceder a la ética. La ética es una acción, volitiva, no un rasgo que se detenta y presume verbalmente.
Para finalizar, filósofos de las últimas décadas, como Derrida, Foucault, Lipovetsky, Zizek, Bauman, observan una crítica a la modernidad, la postmodernidad, de la tecnología y del modelo económico aún vigente. En realidad, la tecnología, la globalización y los modelos económicos disponen de estructuras políticas que limitan, e impiden, la implementación y vivencia de la ética, en la escuela y en la vida cotidiana, que obliga a cada docente, por compromiso social, a proponer alternativas para denunciar actos sin ética y fomentar alternativas para lograr su vivencia en la actualidad, algo que jamás vendrá desde lo político definitivamente. Ética-política o ética-escuela ¿qué pareja tiene mayor futuro? Decidamos…

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. [email protected]

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