La historia de Floky, su huella por la justicia animal
Por: Redacción/ TEN/ Medio Ambiente
El valor de un animal de compañía trasciende con frecuencia la noción tradicional de mascota para convertirse en un pilar emocional indispensable en el entorno familiar.
Nacido el 19 de noviembre de 2020 y llegado a su hogar el 8 de enero de 2021, “Floky”, un perro de raza Gran Danés, desempeñó durante casi seis años una función clave en la vida cotidiana de su cuidador. Acompañante constante en trayectos y convivencias en localidades como Teocaltiche, Villa Hidalgo y Aguascalientes, este ejemplar socializaba de forma habitual tanto con clientes como con animales en situación de calle.
En julio de 2026, un profesional de la psicología emitió una constancia formal que acreditaba a “Floky” como animal de apoyo emocional por prescripción médica, reconociendo institucionalmente el rol fundamental que ejercía en el bienestar e integridad de su dueño.
El curso de esta relación de acompañamiento se interrumpió de manera trágica el 28 de septiembre de 2026. Entre las 18:30 y las 19:00 horas de ese día, el can comenzó a presentar cuadros severos de vómito, presumiblemente derivados de la ingestión de sustancias comestibles con agentes tóxicos.
Tras una primera evaluación domiciliaria a cargo de un veterinario local que administró tratamiento inicial ante una probable intoxicación, la falta de respuesta favorable motivó su traslado de urgencia al Hospital Veterinario de Villa Hidalgo, Jalisco cerca de la medianoche.
En el centro clínico fue canalizado para la aplicación de suero y medicamentos, al tiempo que se revisaban grabaciones de cámaras de seguridad ante la sospecha de una acción deliberada por parte de un tercero. Pese a que durante la mañana del 29 de septiembre se reportó una inflamación intestinal severa con cierta estabilidad para programar un lavado estomacal, el ejemplar no resistió las maniobras de RCP y primeros auxilios al ingresar a quirófano, confirmándose su fallecimiento. Ante el rápido deterioro del cuerpo y la falta de una autopsia definitiva, la familia optó por la cremación para preservar sus restos en una urna.
Frente a lo sucedido, se formalizó una denuncia ante las autoridades competentes con el objetivo de esclarecer las circunstancias del presunto envenenamiento.
Para la integración de la carpeta correspondientes, se aportaron grabaciones de video, registros de atención médica, certificado de defunción, la constancia de apoyo emocional y testimonios. La postura central de la acción legal no busca imputar responsabilidades de forma arbitraria, sino instar a las instituciones a investigar las denuncias con seriedad y apego a la ley para determinar si existió una conducta delictiva.
Inspirado en la transformación del duelo en un reclamo colectivo de protección y empatía hacia los seres sintientes, surgió la iniciativa «Ni una huella más en el olvido». En este contexto, se convocó a una marcha pacífica el pasado domingo 25 de octubre de 2026 a las 11:00 horas en la cabecera municipal de Teocaltiche, Jalisco, teniendo como punto de concentración el Templo de la Merced.
La jornada, impulsada por un esfuerzo ciudadano y secundada por colectivos locales como Patitas Teocaltiche, contempló el uso de vestimenta blanca como símbolo de paz y unidad, así como la participación de familias acompañadas de sus mascotas, portando fotografías y pancartas.
El objetivo principal de la movilización fue honrar la memoria de “Floky” y de otras víctimas de crueldad animal, exigir atención oportuna a las denuncias, promover la tenencia responsable y fomentar la adopción bajo la premisa de que «El amor también se adopta».
Este caso reabre el debate sobre la prevención de la violencia contra los animales en la sociedad actual. Queda planteada la interrogante sobre cuántas familias han atravesado pérdidas desgarradoras en circunstancias de posible maltrato y cuántas veces se posterga la conversación pública hasta que se consuma una tragedia.
La protección animal debe integrarse de manera permanente en la vida cotidiana, la educación y la empatía social, sin requerir de eventos lamentables para activar el compromiso comunitario.
Con este tipo de movilizaciones, se pretende crear consciencia y frenar lo que se ha vuelto una práctica recurrente y que se han manifestado en diferentes comunidades y poblaciones jaliscienses, un caso reciente que ha indignado a la comunidad en general sucedió en Guadalajara, con el envenenamiento premeditado de por lo menos 40 gatos que vivían en el parque Alcalde. Pero situaciones similares han sido reportadas en Arandas, Zapotlanejo, Encarnación de Díaz, Zapotiltic, Zapotlán el Grande, Tala y otros sitios en donde personas sin escrúpulos actúan impunemente contra animales, atentando no solamente a esos seres sintientes, lo peor es que dentro de ese odio e ignorancia, también ponen en riesgo a las personas que conviven y que desconocen el tipo de sustancia con la que sus “compañeros peludos” fueron agredidos, este es el llamado para que ante esta maldad humana, no quede «Ni una huella más en el olvido».
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