
CHAPALA ENTRE DEMAGOGIA ECOLOGISTA Y ASPIRACIONES POLÍTICAS
Por: Redacción/ TEN/ Medio Ambiente
Durante una reciente reunión realizada en Guadalajara, quedó al descubierto el doble discurso y la flagrante manipulación política de quienes, bajo la fachada de una supuesta defensa del Lago de Chapala, ocultan una agenda de conveniencia personal con la mira firmemente puesta en el gobierno de Jalisco para el proceso electoral del 2030.
Con un discurso plagado de verdades a medias, Alejandro de Jesús Aguirre Curiel, actual presidente municipal de Chapala ha enfocado su retórica y sus reflectores en el proyecto del acueducto de la presa Solís hacia León —un esquema donde, por dinámicas de la propia cuenca, el agua eventualmente retornaría al lago— para construir una narrativa de resistencia civil que les reditúe simpatías electorales.
Sin embargo, este bien planeado y calculado frente de defensa común, silencia deliberadamente el verdadero foco de despojo y la crisis técnica que se vive; por otro lado, el acueducto Guadalajara-Chapala, es un sistema del cual se extraen 7.5 metros cúbicos por segundo bajo un convenio que jamás volverá alimentar al vaso lacustre y sobre el cual no existe la más mínima exigencia de rendición de cuentas.
El engaño detrás de esta aparente bandera defensora del cuerpo de agua más grande de México se vuelve insostenible el discurso, al confrontar la demagogia con la realidad de la gestión metropolitana. Mientras el discurso público de estos actores políticos se desborda en amparos colectivos y proyecciones de crisis hídrica regional, se oculta que el 30% de ese volumen extraído se tira al desperdicio, de entrada, según las propias declaraciones del munícipe de Chapala.
A esto se suma un alarmante panorama técnico donde el SIAPA ha mencionado que en fugas dentro de la zona se pierde el 36%, una cifra que se complementa con otro 22 por ciento que la Comisión Estatal del Agua identifica de forma generalizada como pérdidas por fugas en la red de distribución.
Este escandaloso e ineficiente manejo implica que más del 60% del agua extraída de Chapala se pierde directamente en el vacío institucional de la zona metropolitana.
Dicha contradicción evidencia cómo el “fervor ecológico” de los munícipes y aspirantes se ahoga a conveniencia, cuando se trata de auditar las deficiencias (fugas) propias en las redes locales.

Resulta perverso que se pretenda blindar la imagen del lago en eventos globales y plataformas académicas para ganar capital político, o que se presuma una derrama económica millonaria con infraestructura flotante y pantallas gigantes de cara al mundial de fútbol, mientras el verdadero saqueo es permitido por la omisión.
La clase política encuentra en problemáticas sociales el cálculo electoral y las justificaciones a sus ambiciones proselitistas para los procesos siguientes del 2027 y 2030 antes que asumir un papel responsable para frenar el inminente colapso del lago de Chapala.