ALFONSO CORTÉS Y LA POESÍA JOVEN

Me asomo a la ventana. Las nubes están cargadas y es posible, si los vientos no intervienen, que llueva en el curso de la mañana y, en tanto, los recuerdos propios de esta estación del año, como las olas de un mar calmo, vienen.

En Nicaragua había un poeta que enloqueció un día y su familia lo encerró en un manicomio, por el temor de fuera a cometer atrocidades.
Sin embargo, en sus momentos de lucidez escribió unos poemas valiosos para la literatura nacional, porque hasta ahora no ha sido reconocido a nivel internacional. La guerra y sus amigos lo han olvidado.
Su familia, en compensación, reunió todos sus escritos y con el criterio de la estima familiar, de la culpa por su situación psicológica, publicaron, dice Ernesto Cardenal (Dios le tenga piedad), un libro cercano a las mil páginas en
las que incluyeron hasta los versitos que escribió para sus novias en la adolescencia.
Luego, él y José Coronel Urtecho, el maestro de todas las generaciones posteriores a la vanguardia de ese país, hicieron una selección y publicaron su poesía.
alfonso cortesLos criterios familiares, amorosos, filiales o paternales, son muy distintos de los estéticos literarios.
El libro de Alfonso Cortés quedó en unas cien páginas en las que leemos una poesía simbólica, vanguardista, propia de su tiempo.

Algunos jóvenes buscaban a los poetas sudamericanos porque eran los comprometidos con las causas sociales y porque su poesía se alejaba de la buena escritura, la poesía pura, de la línea europea, para las que había, y hay,
una veneración cuasi religiosa.
Esa poesía comprometida socialmente pierde su vigencia con el triunfo de las dictaduras en Sudamérica y curiosamente también con el triunfo de las revoluciones en Cuba y en Nicaragua.

Es un fenómeno social de compensación con el que se cambian los paradigmas y los valores.
Finalmente, la tendencia a lo europeo fue más fuerte en México.
Algunas influencias llegaron de manera indirecta, desde Chile y Argentina, con los intelectuales que se exiliaron en nuestro país y se incrustaron en el sistema educativo universitario o en el sistema no sistemático de los talleres.
La mentalidad colonizada ha prevalecido sostenida por las ideas dominantes como “la república de las letras”, “la patria es la lengua”, y la consecuente fetichización del lenguaje promovida por los estructuralistas y post
estructuralistas franceses y por el considerado mayor teórico de la poesía, Paul Valery.

Los jóvenes poetas en el quehacer literario, aunque de edad mayor (Umberto Eco decía de sí mismo que era un novelista joven de mayor edad), guiados por profesores que repiten las ideas dominantes en el sistema educativo, se han inclinado hacia “la buena escritura”, sobre todo a la escritura sin faltas de ortografía y a la búsqueda de la palabra correcta.
Porque la poesía se hace con palabras, según Mallarme, no con ideas.
Y si los temas con los mismo, que les importa es la forma, el estilo de colocar los elementos de la frase de acuerdo a un orden distinto del que marca la gramática, pero recomendado con esos teóricos de la escritura cuya influencia
permanece desde finales del siglo pasado.
A Alfonso Cortés no le interesaba el estilo, sino la expresión de ese sentimiento que lo envolvía, pues entendía que la poética, la regla de escritura de los propios poemas las hace el poeta mismo, aunque tenga como referencia lo que otros han dicho sobre este asunto.
Pero el modelo de escritura, la poética, se ha modificado. Hoy todo es imitación de los que hace poco se propusieron como los “clásicos modernos”.
La poesía no es el verso. Técnicamente, como afirma Giorgio Agamben, la poesía está en el encabalgamiento y en la cesura, es decir, en los versos de arte mayor, (Habría qué cuestionarse porqué los poemas de los jóvenes escritores de poemas son, por lo general, de arte menor, es decir, por qué rehuyen a los versos de arte mayor).
Hay, ciertamente, predominio del verso que contiene una idea completa: un verso, una idea, con lo que la poesía ya no es poesía, y queda como la realidad, ignorada, incognoscible, fuera del mundo social.

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