LA LUCHA FAMILIAR POR UNA EMPRESA

Por: Carlos Próspero

Como en un relato de ciencia ficción, todo empieza públicamente con una denuncia. Una pareja de ancianos es denunciada por robo cibernético de una importante lechera del Estado.

En la carpeta de investigación se resuelve la aplicación de medidas cautelares para prevenir que estos ancianos afecten el buen desempeño de la empresa.

Con ello se logra que ellos, él socio fundador y accionista de la empresa y ella solo accionista, queden afuera de los procesos administrativos, pues aparte de mantenerlos alejados físicamente, les impiden la participación en las asambleas, con lo que pierden sus derechos de voz y voto en las asambleas, en

las que han ido modificando los estatutos, a favor de quien tiene el mayor interés de controlarla.

Desde hace por lo menos cinco años, la empresa ha tenido conflictos económicos entre los socios que enfrentan el afán de Abraham por adueñarse de la empresa.

Abraham es muy inteligente y además tiene amigos en la política, lo que le da las facilidades para manejarse a nivel público para lograr su deseo.

Según algunas opiniones es compadre de un alto miembro de la sociedad política.

Su tía es una de las personas acusadas del fraude cibernético, quien de manera un tanto ingenua, pero con agudeza intelectual, pregunta “¿qué motiva a una persona que tiene todo el dinero del mundo a querer despojar de su patrimonio accionario a un par de ancianos que son sus familiares?”.

Abraham es obsesivo y se metió en la cabeza ser el dueño único de la mayor empresa lechera del Estado. Su poder económico y político son los puntales de sus acciones, que usa para lograr su tan ansiada meta.

Gracias a esos poderes ha logrado evadir la justicia que le obligaría a abandonar ese deseo de ser el dueño plenipotenciario de la empresa.

La justicia local le apoya de alguna manera discreta y la federal resulta manipulada por las truculencias de sus abogados que conocen los intríngulis del poder judicial.

La mentalidad conservadora de sus tíos actúa a su favor, pues ellos, considerando que son familia, solamente resisten sus embates, resisten pero no buscan estrategias de contraataque que puedan derribar el muro del frío interés de su sobrino.

Su denuncia pública, a través de los medios de información, deja ver una serie de vasos comunicantes entre los poderes ejecutivo y judicial que, como una familia tradicional, se une para defender a uno de sus miembros que, sin duda, les recompensará en un futuro mediato.

La lucha por la posesión de una empresa millonaria requiere de todos los recursos, legales y extrajudiciales, para ganarla.

Para los ancianos y sus hijos la lucha está en el campo de la moral; para Abraham, está en el de la economía y más que nada en el de su ego, un ego tremendo como el del tren que corre de Guadalajara a Sonora, al que le llaman La Bestia.

La suerte está echada.

La denuncia pública solicita a los miembros del poder judicial y del poder ejecutivo que discretamente saquen sus manos del asunto.

Confían en que no le hagan al sordo y dejen que el proceso judicial fluya libremente para que se cumpla con el mayor bien de toda sociedad: la justicia.

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